Fuente: Cooperativa
Fecha: 2026-02-02 18:16:17
El verano en Pequeño Cottolengo abre la posibilidad de habitar otros paisajes y ritmos, sin interrumpir el cuidado permanente que forma parte de la vida diaria de sus residentes. A través de un programa especialmente diseñado, los residentes de la Fundación, personas con discapacidad intelectual severa y profunda, se trasladan por algunos días a destinos como El Tabo y sectores del sur del país, accediendo a entornos distintos que aportan nuevos estímulos sensoriales, emocionales y relacionales.
Estas salidas no se limitan al traslado físico. Representan una experiencia de cambio de entorno cuidadosamente planificada, donde el mar, la naturaleza y los espacios abiertos se integran al modelo de cuidado comunitario. El cambio de paisaje y las actividades al aire libre inciden directamente en el ánimo y la disposición cotidiana de los residentes, aportando a su equilibrio emocional.
"Generar espacios de recreación y descanso también es parte de nuestro modelo de cuidado, porque impacta directamente en el bienestar emocional y en la calidad de vida de nuestros residentes. El acceso al tiempo libre, al cambio de entorno y a experiencias significativas es un derecho, y como institución buscamos que puedan vivirlo con los apoyos necesarios y en condiciones de seguridad y dignidad", señala Cristián Glenz, director ejecutivo de Pequeño Cottolengo.
Durante enero y febrero, con el apoyo en transporte de la Municipalidad de Cerrillos, grupos de residentes se trasladarán a El Tabo y al sur del país, a espacios preparados para responder a sus requerimientos físicos, emocionales y sociales. Estas instancias permiten disfrutar del entorno y, al mismo tiempo, potenciar la participación activa y la autonomía en actividades cotidianas.
La estadía se desarrolla en residencias con accesos universales, espacios amplios y equipamiento adaptado, además de contar con los implementos necesarios para una permanencia segura y confortable. Cada jornada se organiza considerando tiempos de descanso, actividades recreativas y momentos de adaptación, respetando los ritmos individuales.
El acompañamiento es permanente e incluye auxiliares de trato directo, personal de enfermería y equipos especializados, según las necesidades de cada grupo. La planificación contempla la administración de medicamentos, la atención oportuna ante eventuales urgencias y un seguimiento continuo del estado físico y emocional de los residentes.
La alimentación también forma parte central de la experiencia. Los menús son definidos por equipos técnicos y ajustados a las necesidades nutricionales de cada persona, con una logística coordinada que asegura continuidad y tranquilidad durante toda la estadía.
Estas vacaciones de verano reflejan una forma de cuidado que integra descanso, tiempo libre y recreación, y que a la vez genera espacios de interacción con el entorno. En ese cruce —entre cuidado especializado y vida comunitaria— se construyen experiencias que trascienden la temporada y dejan una huella en la manera en que la sociedad se encuentra con la diversidad.
Este es un contenido presentado por Pequeño Cottolengo.
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